Actualización de Recomendaciones en Soporte Vital – CoSTR ILCOR 2025

En 2025, la International Liaison Committee on Resuscitation (ILCOR) publicó el Consensus on Science with Treatment Recommendations (CoSTR) 2025, que actualiza las guías basadas en evidencia sobre reanimación cardiopulmonar (RCP) y soporte vital en diversos ámbitos (soporte vital básico, avanzado, cuidados posparo, educación, etc.). A continuación, se presenta un resumen en formato pregunta-respuesta de las principales recomendaciones y novedades relevantes para la práctica diaria de enfermería, respaldadas por bibliografía de alta calidad.

Tabla de contenidos

Soporte Vital Básico (SVB) – Novedades 2025

¿Debe realizarse RCP solo con compresiones torácicas o con ventilaciones? ¿Cuál es el ratio recomendado?

Para los adultos en parada cardiorrespiratoria, las guías 2025 mantienen el enfoque de asegurar, al menos, compresiones torácicas de calidad por parte de cualquier reanimador. Es obligatorio iniciar compresiones en todo paro cardíaco (no hacer nada no es opción). Si el reanimador está entrenado, capacitado y dispuesto, se recomienda la RCP convencional con ventilaciones de rescate en una proporción 30:2 (30 compresiones por 2 ventilaciones). El ratio 30:2 continúa siendo el recomendado frente a otras proporciones, ya que permite ventilación eficaz y observación de elevación torácica periódicamente. En reanimadores legos sin entrenamiento o incapaces de ventilar, se indica al menos RCP solo con compresiones de forma continua

En niños, la RCP con ventilaciones es aún más importante: se sugiere que los reanimadores realicen compresiones y ventilaciones en lactantes y niños, ya que suelen tratarse de paros de origen respiratorio. Si un reanimador lego no sabe dar ventilaciones a un niño, que al menos haga compresiones; es mejor RCP solo con manos que no hacer nada. En resumen: 30:2 sigue siendo la relación estándar en adultos cuando sea posible, y en niños siempre que haya entrenamiento se deben incluir ventilaciones; la RCP solo manos queda como alternativa válida cuando no se puede ventilar.

¿Por dónde se comienza la secuencia de RCP: primero compresiones o primero ventilaciones?

En la parada cardiorrespiratoria convencional (ej. adulto súbitamente colapsado), se debe seguir priorizando el enfoque CAB (Circulación – compresiones primero, luego Abierta vía aérea y Breathing – ventilación) en lugar del antiguo ABC. Es decir, comenzar inmediatamente con compresiones torácicas en cuanto se identifica una parada. Esto es válido tanto para reanimadores legos como profesionales, pues iniciar rápido las compresiones mejora la perfusión coronaria. La única excepción a esta regla son los paros de origen claramente asfíctico (ej. ahogamiento): en víctimas de ahogamiento o sumersión, se recomienda una atención especial a la ventilación inicial. Para reanimadores legos, incluso en ahogamiento se indica comenzar con compresiones (CAB), dado que las ventilaciones boca a boca pueden ser difíciles y retrasar el inicio de la RCP. Sin embargo, los profesionales de la salud o socorristas entrenados deben considerar iniciar con ventilaciones de rescate (protocolo ABC, dar 5 ventilaciones iniciales) antes de las compresiones en una parada por ahogamiento. Esto se debe a que en la asfixia por inmersión la oxigenación inicial es crítica. En cualquier caso de ahogamiento, en cuanto esté disponible equipo adecuado, administrar la mayor concentración de oxígeno posible durante la reanimación. En resumen: salvo en escenarios asfícticos especiales (ahogamiento, asfixia por cuerpo extraño tras despejar vía aérea, etc.), siempre iniciar por las compresiones (CAB) y luego combinar con ventilaciones según el caso.

¿Cuál es la frecuencia y la profundidad recomendadas para las compresiones torácicas?

Las nuevas guías continúan enfatizando la importancia de la RCP de alta calidad, cuyos elementos clave no han cambiado. Esto incluye: frecuencia de compresiones entre 100 y 120 por minuto, profundidad de al menos 5 cm (pero no más de ~6 cm en adultos), permitir la reexpansión completa del tórax tras cada compresión y minimizar las interrupciones. Las pausas para verificar pulso, analizar el ritmo o cambiar de reanimador deben ser lo más breves posible (=10 segundos).Se recomienda que el reanimador que comprime rote cada ~2 minutos (o antes si fatiga) para mantener la calidad, ya que la fatiga disminuye la profundidad de las compresiones . ILCOR 2025 destaca vigilar y monitorear la fatiga del reanimador durante la RCP (por ejemplo, con dispositivos que midan la calidad de las compresiones), especialmente cuando se usa EPP (equipos de protección personal) que aceleran el cansancio. Asimismo, se sugiere procurar un CPR fraction (fracción de tiempo de compresiones efectivas durante el paro) lo más alto posible, idealmente >80%, evitando demoras antes y después de las descargas del desfibrilador. En resumen, mantener un ritmo de ~100-120 cpm, profundidad ~5 cm, dejar retroceder el pecho, cambiar de reanimador cada 2 min y minimizar cualquier interrupción; estos aspectos de calidad son fundamentales porque se asocian con mejores resultados neurológicos

¿Qué diferencias hay en la RCP básica en niños y lactantes en 2025?

Las maniobras básicas en pediatría siguen lineamientos similares, con algunas consideraciones especiales: En niños, es prioritario incluir ventilaciones porque la mayoría de las paradas pediátricas son por causa respiratoria (asfixia). Las guías indican que los reanimadores que sepan hacerlo deben dar ventilaciones de rescate además de compresiones en lactantes y niños. Para legos no adiestrados, al menos realizar compresiones continuas si no se atreven con el boca a boca. En cuanto a la secuencia, en niños por lo general también se aplica CAB (compresiones primero) salvo en ahogamiento o atragantamiento, donde se recomienda iniciar con ventilaciones si es posible (p.ej., 5 ventilaciones iniciales en ahogado antes de compresiones, si el rescatador es profesional) . La frecuencia de compresión en pediatría es similar (100-120/min); la profundidad es ~4-5 cm en niños mayores o 1/3 del diámetro torácico en lactantes. Además, en RCP de 2 reanimadores profesionales en pediatría se sigue utilizando un ratio 15:2 en vez de 30:2. Aunque CoSTR 2025 no introdujo cambios en ese aspecto, se mantiene esta recomendación de las guías previas (15:2 mejora la ventilación en niños). En resumen: para niños, siempre que sea posible combinar compresiones + ventilaciones (preferible 15:2 con dos reanimadores), y si solo hay un reanimador o no sabe ventilar, compresiones continuas son aceptables hasta que llegue ayuda.

¿Cómo actuar en caso de una parada cardíaca por ahogamiento?

El ahogamiento (asfixia por inmersión) es una situación especial. Las guías enfatizan iniciar RCP de inmediato, pero adaptando la secuencia según el tipo de rescatador: Si eres socorrista, personal sanitario u otra persona entrenada en rescate acuático, comienza la RCP realizando primero ventilaciones de rescate al recuperar a la víctima del agua. Se recomiendan 5 ventilaciones iniciales efectivas para oxigenar, ya que la causa del paro suele ser hipoxia. Luego continúa con el algoritmo habitual (compresiones y ventilaciones, 30:2 si estás solo). En cambio, si quien rescata es un testigo lego no entrenado, las recomendaciones prácticas son que inicie compresiones torácicas inmediatamente como en cualquier paro (CAB), ya que insistir en ventilaciones podría demorar la RCP; no obstante, si en algún momento puede dar ventilaciones, será beneficioso hacerlo. En todos los casos de ahogamiento, tan pronto dispongamos de oxígeno suplementario, administrar la máxima concentración de O2 durante la reanimación. Además, hay que activar cuanto antes el sistema de emergencias y desfibrilar en cuanto se disponga de un DEA si hay ritmo desfibrilable – la desfibrilación sigue siendo prioritaria ante una fibrilación ventricular por sumersión. En suma: en ahogados, los profesionales deben ventilar primero (porque la hipoxia es la causa primaria) y luego comprimir; los legos, por simplicidad, que comiencen comprimiendo mientras llegan medios, pero todos deben asegurar ventilación eficaz lo antes posible en estos casos.

¿Hay recomendaciones especiales al realizar RCP en pacientes con obesidad mórbida?

A pesar de los desafíos que puede presentar la obesidad (como mayor fuerza necesaria para comprimir o dificultad para vía aérea), las guías CoSTR 2025 concluyen que no se requieren modificaciones específicas en el protocolo de RCP para pacientes obesos. Se debe aplicar las mismas secuencias y técnicas estándar (“usar los protocolos de RCP habituales en pacientes obesos”, señala ILCOR). La evidencia sobre si la obesidad empeora resultados de RCP es mixta; algunas series sugieren menor tasa de éxito neurológico en obesos, otras no muestran diferencias claras. En la práctica, esto significa que, aunque la compresión pueda requerir más personal (por fatiga) o ajustes (ej. usar ambas manos o más reanimadores alternando), la frecuencia, profundidad y técnica de compresión no cambian. Es importante asegurar una superficie firme bajo el paciente (p.ej., usar tabla de RCP) y considerar precozmente la vía aérea avanzada si la ventilación con bolsa-mascarilla es difícil por el hábitus corporal, pero siempre siguiendo algoritmos estándar. En resumen: la obesidad no altera las recomendaciones fundamentales de RCP; aplique el soporte vital básico tal como en cualquier paciente, atendiendo a la calidad y contando con la ayuda necesaria para lograrla.

¿Se puede realizar RCP con el paciente en posición de decúbito prono?

En entornos hospitalarios, puede ocurrir que un paciente en posición prona (p. ej. en UCI con ventilación mecánica en prono) sufra una parada. Las guías 2025 indican que, si bien existen maniobras de compresión torácica en prono (sobre la espalda del paciente, a nivel aproximadamente de la línea interescapular), lo recomendado es girar al paciente a supino tan pronto como sea posible para realizar la RCP convencional . Se debe colocar al paciente boca arriba rápidamente en cuanto se identifica el paro, siempre que haya personal suficiente para hacerlo con seguridad, y comenzar compresiones en el esternón en supino. La evidencia disponible sobre “RCP en prono” es limitada; por ello ILCOR sugiere no usar de rutina la RCP en prono salvo en contexto de estudios o si el cambio a supino se retrasa demasiado. En situaciones en que el paciente en prono tenga vía aérea avanzada (tubo endotraqueal) y el equipo no pueda revertirlo inmediatamente, algunos protocolos permiten iniciar compresiones en prono transitoriamente (colocando las manos en el centro de la espalda, sobre la columna torácica). No obstante, la prioridad es volver a supino en cuanto sea factible, ya que la efectividad de las compresiones es mayor y se facilita la desfibrilación y manejo de vía aérea. 

En resumen: no se recomienda dejar al paciente en prono para la RCP salvo que no haya otra opción; invierta al paciente a decúbito supino lo antes posible para seguir las maniobras habituales.

¿Debe usarse un plano duro o tablero de RCP en las paradas intrahospitalarias?

Sí, siempre que se pueda. Para que las compresiones torácicas sean efectivas, es importante tener una superficie firme bajo el paciente. En el medio hospitalario, esto suele implicar activar el “modo CPR” de la cama (si la cama tiene función de tabla rígida) o colocar una tabla dura de RCP debajo del tórax del paciente. Las guías 2025 sugieren comprimir sobre superficie firme siempre que sea posible (evidencia de muy baja certeza). No se aconseja mover sistemáticamente al paciente al suelo, porque el traslado puede interrumpir la RCP demasiado tiempo. Si la cama tiene un sistema para endurecer el colchón o una tabla deslizable, utilícelo en lugar de perder tiempo desplazando al paciente . ILCOR señala que no hay datos concluyentes sobre beneficio de usar o no tablero, por lo que se puede tanto usar un tablero como omitirlo, siempre priorizando no demorar las compresiones . Lo crítico es que la calidad de compresión se mantenga (profundidad suficiente). En resumen: intente disponer de un plano duro bajo el paciente (activando modo CPR de la cama o colocando tabla), pero nunca pause la RCP por más de unos segundos para hacerlo. Si no es factible, continúe comprimiendo en la cama asegurándose de la mayor profundidad posible, y no dedique tiempo excesivo a trasladar al paciente al suelo.

¿Cuándo y cómo debe relevarse al reanimador que da compresiones?

La fatiga del reanimador ocurre con rapidez – estudios muestran que en 2 minutos de compresiones la calidad (profundidad) disminuye significativamente. Por ello, se recomienda cambiar al reanimador que comprime cada ~2 minutos durante las pausas programadas (por análisis de ritmo). Las guías enfatizan monitorear signos de fatiga en quien realiza las compresiones y ser aún más vigilante si el reanimador lleva EPP pesado (como en contextos de COVID-19), ya que la fatiga puede presentarse antes. Es una buena práctica rotar sistemáticamente incluso si el reanimador cree poder seguir, porque la calidad objetiva baja con el cansancio. Organice el equipo para tener siempre un siguiente compresor listo antes de los 2 minutos. Además, se recomienda usar dispositivos de retroalimentación (metronomo, acelerómetros, etc.) si disponibles, pues pueden avisar de disminución en la profundidad/ ritmo que sugieran fatiga. 

En resumen: releve al compresor cada 2 min (o antes si se observa cansancio), planeando los relevos con anticipación para no alargar la pausa más de 5-10 segundos durante el cambio.

¿Qué tan importante es minimizar las pausas en las compresiones y cómo lograrlo?

Minimizar las interrupciones en las compresiones es crucial para mantener la perfusión. ILCOR 2025 reafirma que todas las pausas, especialmente antes y después de una descarga, deben ser lo más breves posible. Se sugiere medir y mejorar continuamente la fracción de compresión torácica (porcentaje del tiempo en paro que se está comprimiendo efectivamente) como parte de programas de calidad. Un par de estrategias prácticas incluyen: cargar anticipadamente el desfibrilador (anticipatory charging) durante el ciclo de compresiones, de modo que al llegar el momento de analizar/ descargar el desfibrilador ya esté listo y la pausa sea mínima. También, entrenar al equipo para que tras una descarga reinicie compresiones inmediatamente (sin esperar confirmación de ritmo o pulso, los 2 min de RCP post-descarga se inician de inmediato). Las guías recomiendan que las pausas pre­shock y post-shock sean lo más cortas posible, idealmente <5 segundos. Lograrlo requiere coordinación: por ejemplo, el reanimador debe seguir comprimiendo mientras el desfibrilador carga, y solo apartarse cuando el operador indica “todos fuera” justo antes de la descarga. Tras el choque, reiniciar compresiones sin perder tiempo en verificar el ritmo hasta pasados 2 min (a menos que el paciente muestre signos de despertar). 

En resumen, sí, es vital minimizar las pausas, ya que las interrupciones largas reducen la probabilidad de éxito. Use técnicas como carga anticipada del desfibrilador, reanudar RCP inmediatamente tras choque y un buen liderazgo de equipo para conseguir pausas ultracortas.

¿Se recomienda el uso de dispositivos de retroalimentación durante la RCP en tiempo real?

Los dispositivos de retroalimentación (feedback) en RCP brindan información instantánea sobre la calidad (por ejemplo, metrónomos de ritmo, sensores de profundidad, avisos de recoil completo, etc.). Las guías CoSTR 2025 sugieren su uso como parte de programas integrales de mejora de calidad en RCP. Es decir, se recomienda que los servicios que atienden paros usen monitores/desfibriladores con feedback audiovisual para compresiones, pero siempre acompañado de entrenamiento y un sistema de mejora continua, no como la única intervención. La evidencia muestra que el feedback ayuda a mantener ritmo y profundidad dentro de lo recomendado. Sin embargo, no se recomienda utilizar dispositivos de feedback de forma aislada, sin un contexto de entrenamiento y mejora, ya que no sustituyen la formación del personal. En pocas palabras: , es beneficioso usar la tecnología de feedback (por ejemplo, dispositivos que indican “compresiones más profundas” o “suba la velocidad”) durante las resucitaciones, siempre y cuando formen parte de una estrategia global para asegurar RCP de alta calidad.

¿Qué son los dispositivos de ventilación pasiva y están recomendados?

La “ventilación pasiva” se refiere a técnicas en las que se deja una vía aérea abierta (ej. un tubo o dispositivo) y se permite que la entrada de aire ocurra sin ventilaciones activas, aprovechando el efecto pistón de las compresiones. En el pasado se exploró si al colocar, por ejemplo, un tubo endotraqueal con válvula abierta y oxígeno a flujo, las compresiones podrían mover aire suficiente (especialmente en los primeros minutos). Sin embargo, ILCOR 2025 desaconseja el uso rutinario de técnicas de ventilación pasiva durante la RCP convencional. La evidencia es muy limitada y no muestra beneficio claro, por lo que se prefiere la ventilación activa estándar (sea con bolsa-mascarilla o vía aérea avanzada). Por lo tanto, no se recomienda emplear dispositivos tipo válvula de impedancia para “ventilación pasiva” como estrategia rutinaria. La atención debe centrarse en proporcionar ventilaciones efectivas con la frecuencia adecuada (10 respiraciones/min si hay vía aérea avanzada, o 2 ventilaciones cada 30 compresiones en RCP básica) en lugar de confiar en métodos pasivos.

¿Es mejor trasladar al paciente durante la RCP o tratar de reanimarlo en el sitio?

Salvo contadas excepciones, las guías enfatizan que es preferible realizar la reanimación in situ (en el lugar donde se encontró al paciente) en lugar de intentar trasladarlo durante la RCP. CoSTR 2025 sugiere que los profesionales realicen la resucitación en el sitio y eviten un transporte precipitado con RCP en curso, a menos que haya una indicación específica que lo justifique. Esta recomendación se basa en que la calidad de las compresiones suele disminuir considerablemente durante traslados (por movimiento, espacio limitado, etc.). Situaciones que podrían justificar traslado durante la RCP incluyen: paro en sitios peligrosos o no accesibles para continuar (incendio, tráfico intenso), o la posibilidad de acceder a terapias extracorpóreas (ECMO) u otras intervenciones solo disponibles en el hospital. Incluso en estos casos, se debe asegurar compresiones de alta calidad durante el transporte (usar dispositivo mecánico de compresión si disponible, etc.). Pero como regla general, si el entorno es seguro, reanime allí mismo llega apoyo avanzado, y no interrumpa la RCP para mover al paciente innecesariamente. Muchos sistemas de emergencia ahora siguen la filosofía de “stay and play” (quedarse y actuar) en vez de “scoop and run” (cargar y correr). 

En conclusión: trate la parada en el lugar con RCP de calidad y desfibrilación temprana, y solo traslade con RCP en curso si hay un beneficio claro que no pueda obtenerse en el lugar (por ejemplo, llegada a centro ECMO)

Soporte Vital Avanzado (SVA) – Novedades 2025

¿Qué vía de acceso vascular se prefiere para administrar fármacos durante una RCP, intravenosa (IV) o intraósea (IO)?

Las guías 2025 sugieren dar preferencia a obtener un acceso intravenoso periférico si es factible rápidamente, ya que la administración de fármacos por vía IV podría asociarse a una llegada algo más rápida al corazón que por vía IO. La recomendación (débil, evidencia de muy baja certeza) es intentar canalizar una vía IV en primer lugar. Sin embargo, si no se logra acceso IV tras ~2 intentos o en pocos minutos, se debe establecer un acceso IO sin demoras. La vía intraósea (por ejemplo en tibia proximal o húmero) permite administrar medicamentos eficazmente durante la RCP y es el método recomendado cuando la vía IV es difícil o tardía

En resumen: IV es primera opción (especialmente en entornos con personal diestro en insertarla rápidamente), pero no se debe retrasar la administración de fármacos; si la vena no se logra en segundos, coloque una intraósea y administre por ahí sin problema .

¿Cómo se debe manejar la vía aérea durante la RCP avanzada: intubación endotraqueal, dispositivos supraglóticos o ventilación con bolsa-mascarilla?

El manejo de la vía aérea debe adaptarse a la situación y al personal disponible. Las guías CoSTR 2025 señalan que tanto ventilar con bolsa-válvula-mascarilla (BVM) como usar una vía aérea avanzada son estrategias válidas durante una RCP, sin evidencia clara de superioridad de una sobre otra en todos los casos . Lo importante es que la oxigenación y ventilación sean efectivas mientras se mantienen las compresiones. En ámbitos extrahospitalarios o sistemas donde los profesionales no tienen alta tasa de éxito con intubación endotraqueal, se sugiere emplear un dispositivo supraglótico (ej. mascarilla laríngea) como vía aérea avanzada inicial. Los supraglóticos son más fáciles y rápidos de colocar para muchos rescatadores, y pueden interrumpir menos las compresiones. En escenarios donde haya personal altamente capacitado (por ejemplo, en hospital o servicios médicos con experiencia en intubación), es razonable realizar intubación endotraqueal siempre y cuando se minimice la interrupción de las compresiones durante el procedimiento. Las guías básicamente dicen: si se usa vía aérea avanzada, en extrahospitalario con baja tasa de éxito de intubación, prefiera supraglótico; en contextos con alta pericia, tanto supraglótico como tubo traqueal son apropiados. Con cualquiera de estas vías aéreas avanzadas, se pueden dar ventilaciones continuas (10 por minuto) sin pausar compresiones una vez colocadas correctamente. 

En resumen: asegurar una vía aérea y ventilar al paciente es crítico, pero la elección del método debe basarse en la experiencia y situación – ventilar con mascarilla está bien al inicio; colocar un supraglótico pronto es recomendable si no hay experto en intubar; y la intubación orotraqueal queda para manos entrenadas, procurando no interrumpir RCP por más de 5-10 segundos durante el intento.

¿Se recomiendan los dispositivos mecánicos de compresión torácica (LUCAS®, AutoPulse®, etc.) en la parada cardíaca?

Los dispositivos de compresión mecánica no reemplazan a las compresiones manuales de alta calidad de forma rutinaria. CoSTR 2025 desaconseja el uso sistemático de dispositivos mecánicos en lugar de compresiones manuales (recomendación débil, evidencia de calidad moderada) debido a que los ensayos no han demostrado mejora en la supervivencia cuando se usan de rutina . Las compresiones manuales realizadas correctamente siguen siendo el estándar de cuidado. No obstante, las guías reconocen que en ciertas situaciones los compresores mecánicos pueden ser útiles: por ejemplo, durante traslados prolongados o muy inestables (ambulancia, helicóptero), en entornos donde es difícil mantener acceso al paciente (angiografía, ECMO), o si el personal está exhausto o en riesgo al dar RCP (ej. en una ambulancia en movimiento). En esas circunstancias, un dispositivo mecánico es una alternativa razonable para asegurar compresiones continuas de calidad. Así pues, se sugiere su uso como alternativa en situaciones donde las compresiones manuales sostenidas son impracticables o inseguras (evidencia muy baja). Importante: la colocación del dispositivo no debe interrumpir mucho tiempo la RCP – hay que entrenar al equipo para colocarlo rápidamente (idealmente en < 15 segundos durante un cambio de reanimadores). 

En resumen: no usar dispositivos mecánicos de compresión de rutina en todos los paros, pero considerarlos en escenarios especiales (traslado, RCP prolongada con pocos reanimadores, etc.), asegurándose de minimizar la interrupción al instalarlos.

¿Qué fármacos vasopresores se recomiendan durante la RCP? (Adrenalina, vasopresina…)

La adrenalina (epinefrina) sigue siendo el vasopresor principal en el algoritmo de paro cardíaco. ILCOR 2025 recomienda administrar adrenalina 1 mg IV/IO cada 3–5 min durante la RCP en todos los paros (evidencia de baja certeza, pero recomendación fuerte). La timing varía según el tipo de ritmo: 

  • En ritmos no desfibrilables (actividad eléctrica sin pulso o asistolia), se recomienda dar adrenalina lo antes posible una vez iniciado el soporte vital, idealmente inmediatamente tras confirmar el paro (recomendación fuerte). Esto se debe a que en asistolia/PEA la adrenalina temprana se asocia a mayor probabilidad de ROSC. 
  • En ritmos desfibrilables (fibrilación ventricular o taquicardia ventricular sin pulso), la recomendación es realizar las descargas iniciales de desfibrilación primero; si tras 1–2 choques el paciente sigue en FV/TV, entonces administrar la adrenalina durante las maniobras de RCP antes del siguiente choque (recomendación débil). Es decir, desfibrilar prontamente y, si la arritmia persiste tras las primeras descargas, dar adrenalina (esto suele ser aproximadamente a los 3–5 minutos del inicio). En la práctica, las guías AHA/ERC integran esto indicando adrenalina a partir del segundo ciclo en FV/TV. 

En cuanto a la vasopresina, la evidencia acumulada no muestra beneficio al usarla en lugar de adrenalina ni junto con adrenalina. CoSTR 2025 sugiere no usar vasopresina en reemplazo de la adrenalina (recomendación débil, muy baja certeza), y también desaconseja agregar vasopresina aparte de la adrenalina (no hay mejora en supervivencia combinándolas). Por tanto, la adrenalina 1 mg IV/IO sigue siendo el único vasopresor de elección en la parada, y no se respalda ya el antiguo “vasopresina 40 U” ni la combinación vasopresina+corticoide (ver más adelante) en protocolos estándar. En resumen: Administrar adrenalina en todo paro (lo antes posible en no desfibrilables, tras un par de choques fallidos en desfibrilables) y no usar vasopresina en RCP porque no ha demostrado beneficio adicional.

¿Debe administrarse bicarbonato de sodio durante una parada cardíaca? 

No se recomienda de forma rutinaria. El uso indiscriminado de bicarbonato durante la RCP ha caído en desuso. Las guías 2025 aconsejan no administrar buffers (bicarbonato de sodio u otros) rutinariamente en paros cardíacos, tanto extrahospitalarios como intrahospitalarios. Esto se basa en evidencia clínica que no mostró beneficio en supervivencia y en el potencial efecto adverso de alcalosis, carga de sodio y desviación de la curva de oxígeno que puede producir el bicarbonato si no hay acidosis confirmada. Solo se consideraría bicarbonato en situaciones especiales, por ejemplo en paros prolongados donde hay acidosis metabólica confirmada o en ciertas sobredosis (antidepresivos tricíclicos, bloqueadores de canales de sodio) o hiperkalemias severas. Incluso en esos casos, la prioridad es la RCP de calidad y otras intervenciones (como ventilación adecuada para corregir acidosis respiratoria). ILCOR sugiere que, salvo que exista una indicación clara (ej. hiperpotasemia, intoxicación TCA, acidosis documentada), no se use bicarbonato durante la reanimación. 

En conclusión: no dar bicarbonato de rutina en la parada cardíaca; reserve su uso para contextos puntuales y siempre sin interrumpir la RCP para administrarlo.

¿Debe administrarse calcio durante la RCP?

Tampoco de forma rutinaria. CoSTR 2025 rechaza la administración sistemática de calcio en paros extrahospitalarios (recomendación fuerte en contra, evidencia moderada) y desaconseja igualmente su uso rutinario en paros intrahospitalarios (recomendación débil). Estudios clínicos no han mostrado beneficio en resultados por administrar calcio a todos los pacientes en paro; de hecho, un RCT reciente sugirió posibles resultados peores con calcio indiscriminado, por lo que la recomendación actual es no utilizar calcio a menos que exista una causa identificada que lo indique. Las únicas situaciones en que se consideraría administrar calcio (preferiblemente cloruro de calcio IV) durante la RCP son sospecha de hiperkalemia grave (potasio elevado, como en pacientes renales) o sobredosis de bloqueadores de canales de calcio u otras causas de hipocalcemia severa como factor del paro . Aún en esos escenarios, ILCOR señala que la evidencia es insuficiente para confirmar un beneficio claro del calcio durante la parada, pero su uso se basa en la fisiopatología y guías toxicológicas. 

En resumen: no dar calcio de rutina en cada parada; sí considerarlo si hay una razón específica (hiperpotasemia, hipocalcemia, toxicidad por calcioantagonistas), entendiendo que la evidencia en pleno paro es limitada y primando siempre continuar las maniobras básicas mientras se administra.

¿Qué antiarrítmicos se recomiendan para la fibrilación ventricular/TV sin pulso refractaria? 

Cuando una fibrilación ventricular (FV) o taquicardia ventricular sin pulso no se revierte tras las primeras descargas, el soporte vital avanzado incluye el uso de antiarrítmicos intravenosos. CoSTR 2025 mantiene la recomendación (débil, evidencia baja) de utilizar amiodarona o lidocaína en estos casos de FV/TV refractaria. Cualquiera de los dos fármacos es aceptable; normalmente se administra una dosis de amiodarona 300 mg IV bolo (puede repetirse 150 mg) o lidocaína 1-1.5 mg/kg IV (dosis adicional de 0.5-0.75 mg/kg) durante la RCP, tras el tercer choque desfibrilatorio. La evidencia sugiere que ambos fármacos mejoran la tasa de ROSC y el retorno a circulación en comparación con no dar antiarrítmico, aunque no hay certeza de que mejoren la supervivencia neurológica a largo plazo. Por eso la recomendación es calificada de débil, pero en la práctica se siguen usando. No se recomienda usar sulfato de magnesio de forma rutinaria en FV/TV que no cede. El magnesio está indicado principalmente si se identifica una torsade de pointes (torsión de puntas, FV polimórfica asociada a QT largo) o en hipomagnesemia documentada, pero fuera de eso no mejora la FV refractaria común . En síntesis: ante una FV/TV persistente tras múltiples desfibrilaciones, es apropiado administrar un antiarrítmico – amiodarona (primera opción en muchas guías) o lidocaína (alternativa igualmente válida). No usar magnesio salvo en torsade de pointes, ya que no se obtuvo beneficio en otros contextos y podría retrasar otras intervenciones.

¿Existe algún beneficio en administrar esteroides u otros fármacos durante la RCP (ej. el cóctel vasopresina-esteroides)?

El uso de corticoesteroides durante la resucitación cardiopulmonar ha sido investigado (por ejemplo, hidrocortisona en paros intrahospitalarios, especialmente combinada con vasopresina y adrenalina, protocolo de algunos estudios). Sin embargo, las guías ILCOR 2025 no recomiendan el uso rutinario de esteroides durante la RCP debido a la muy baja certeza de evidencia y resultados inconsistentes. En concreto, una combinación que se probó en estudios clínicos fue vasopresina + corticoides + adrenalina en paros intrahospitalarios, mostrando en algunos ensayos pequeños mejoría en ROSC pero sin claro impacto en supervivencia a alta. ILCOR analizó esa evidencia y sugiere no utilizar la combinación de vasopresina y corticoides agregada al tratamiento estándar tanto en paros intrahospitalarios como extrahospitalarios (recomendación débil en contra). Esto significa que, fuera de protocolos de investigación específicos, no se aconseja añadir, por ejemplo, dosis de hidrocortisona durante la RCP de rutina. Asimismo, no se recomienda el uso “rutinario” de esteroides en general durante la parada (por ejemplo, administrar bolo de dexametasona o metilprednisolona sin un protocolo claro). En resumen: aunque hubo interés científico en si los esteroides podrían mejorar la respuesta a vasopresores y el resultado neurológico, las guías 2025 desalientan su empleo sistemático durante una RCP. El manejo estándar debe centrarse en compresiones, desfibrilación, adrenalina y tratar causas reversibles, y no agregar fármacos no probados como corticosteroides de rutina.

En casos de paro cardíaco por sospecha de sobredosis de opioides, ¿se debe administrar naloxona durante la RCP?

La naloxona es un antagonista opioide que revierte la depresión respiratoria por sobredosis, y su uso está muy indicado en pacientes con paro respiratorio por opioides. Si el paciente está inconsciente y no respira pero aún tiene pulso (arresto respiratorio por sobredosis), la administración inmediata de naloxona por vía IV, IO, intramuscular o intranasal está fuertemente recomendada – puede prevenir que progrese a paro cardíaco si se revierte la apnea. En cambio, cuando el paciente ya está en paro cardíaco completo por una sobredosis, la situación es más compleja: durante una parada, la circulación está detenida, por lo que la naloxona tendrá poco efecto inmediato hasta que se logre ROSC (ya que el fármaco no se distribuye bien sin perfusión). Las guías 2025 señalan que no hay evidencia suficiente para recomendar cambios en el protocolo ALS estándar en un paro por opioides. Esto quiere decir que, en un paro confirmadamente sin pulso, la prioridad sigue siendo RCP de alta calidad, desfibrilación si corresponde y adrenalina, igual que en cualquier otro paro. No se debe retrasar ni sustituir la RCP por administrar naloxona, ya que no se ha demostrado que mejore la supervivencia en pleno paro. Dicho lo anterior, ILCOR incluye un buen consejo práctico: si los rescatistas no están seguros de si el paciente tiene pulso o está en paro en un escenario de posible sobredosis (a veces es difícil distinguir paro respiratorio agónico de un paro cardíaco), es válido administrar naloxona empíricamente mientras se inicia RCP. La naloxona no va a perjudicar y, si el paciente aún tenía algo de circulación, puede revertir la depresión del SNC. En resumen: en un paro confirmado, aplicar las medidas avanzadas usuales (no hay “antídoto” milagroso en paro, ni siquiera la naloxona ha mostrado cambiar resultados una vez instaurado el paro). Pero en una aparente parada por sobredosis, si hay duda o es un paro solo respiratorio, administrar naloxona cuanto antes está indicado (1-2 mg IV/IO o 2-4 mg intranasal, repetible), sin interrumpir la RCP, ya que podría revertir la causa si aún hay circulación mínima. Siempre que recuperemos pulso tras una sobredosis, asegurar vía aérea y prevenir nueva apnea es crítico, dado que la naloxona tiene duración limitada.

Para una fibrilación ventricular refractaria, ¿qué estrategias de desfibrilación adicionales existen (doble secuencial, cambio de vector de electrodos)? 

En casos de FV/TV sin pulso que persiste a pesar de múltiples choques de desfibrilación monofásica, las guías 2025 mencionan dos estrategias “rescate” que pueden considerarse aunque la evidencia aún es limitada: el cambio de colocación de electrodos y la desfibrilación secuencial doble.

  • Cambio de vector (reposicionamiento de parches): Consiste en mover los parches desfibriladores de la posición antero-lateral estándar a una posición alternativa (por ejemplo, antero-posterior o “sándwich” apical-espalda). Esto puede mejorar la probabilidad de que la onda de choque atraviese el miocardio eficazmente si la posición inicial no lo logró. Es una intervención sencilla (reh colocar rápidamente los parches en el otro vector) que muchos equipos realizan tras 2–3 choques fallidos. 
  • Desfibrilación secuencial doble: Implica usar dos desfibriladores a la vez, con dos juegos de parches en el paciente, y administrar dos descargas casi simultáneas (separadas por milisegundos) en diferentes vectores. La idea es que la doble energía y cobertura puedan “resincronizar” un corazón fibrilando cuando una sola no lo logró. Esta técnica ha sido reportada en casos de FV refractaria. ILCOR 2025 señala que se puede considerar la estrategia de doble secuencial (o cambio de vector) en FV refractaria, como medida de rescate, aunque la evidencia es de muy baja certeza (recomendación débil).

Si se opta por la doble secuencial, las guías sugieren que un solo operador coordine las dos descargas, activando los desfibriladores con mínima separación (por seguridad y efectividad). En la práctica, esto requiere entrenamiento del equipo. Es importante mencionar que estas estrategias se usan solo tras varios intentos estándar fallidos, y no deben demorar la secuencia regular de RCP y fármacos. Se sigue dando adrenalina y antiarrítmicos según protocolo mientras se prueba el cambio de parches o se prepara un segundo desfibrilador. En resumen: para FV persistente, después de 3-4 descargas sin éxito, es razonable probar un vector alternativo de desfibrilación (colocar parches en posición anterior-posterior) y, opcionalmente en centros entrenados, considerar la desfibrilación doble secuencial. Estas medidas pueden incrementar la probabilidad de terminar la FV, aunque los datos aún no han confirmado mejora en supervivencia a alta hospitalaria.

¿Cuándo se debe considerar la RCP extracorpórea (ECPR o ECMO) durante una reanimación?

La RCP extracorpórea implica el uso de circulación extracorpórea (ECMO VA) para dar soporte circulatorio en un paro cardiaco refractario. Esto es un recurso muy especializado, disponible solo en ciertos centros. ILCOR 2025 reconoce que la evidencia aún es baja pero sugiere que la ECPR (ECMO) puede considerarse como terapia de rescate en paros refractarios seleccionados, tanto intrahospitalarios como extrahospitalarios, cuando las medidas convencionales están fallando y se cuenta con los recursos para implementarla. En otras palabras, si un paciente sufre un paro que no retorna a circulación espontánea con RCP convencional (por ejemplo, FV persistente, paciente joven con causa potencialmente reversible) y se está en un entorno capaz de iniciar ECMO rápido, la canulación y soporte extracorpóreo puede dar tiempo para tratar la causa subyacente (trombólisis en TEP masiva, angioplastia en infarto, etc.). Las guías califican esta recomendación de débil y enfatizan la selección de casos y contexto: idealmente pacientes jóvenes, con paro presenciado, inicio rápido de RCP, causa reversible sospechada, y en centros con protocolos establecidos de ECMO durante paro. También hay que considerar los recursos, ya que la ECPR es compleja y requiere un equipo entrenado presente (cirujano/cardiólogo para canulación, perfusionistas). En ámbitos prehospitalarios, algunos sistemas están transportando ciertos pacientes directamente a centros ECMO si cumplen criterios (estrategia “ECMO-CPR”), pero esto aún no es estándar generalizado. 

En resumen: la ECMO durante la RCP puede salvar vidas en situaciones específicas, pero no es una recomendación general para todos los paros. Se debe considerar caso por caso, en centros con experiencia, cuando la RCP convencional de alta calidad no logra ROSC y se sospecha que un soporte circulatorio podría permitir resolver la etiología del paro.

¿Debe utilizarse la ecografía (ultrasonido) durante la RCP para diagnosticar causas reversibles o predecir pronóstico?

El uso de la ecografía a la cabecera (POCUS) en plena reanimación se ha vuelto común en algunos equipos avanzados, para buscar causas tratables (tamponamiento pericárdico, trombosis masiva, neumotórax) o valorar la actividad cardíaca. Sin embargo, ILCOR 2025 advierte que no se debe emplear de rutina la ecografía durante la RCP si esto va a interferir con las compresiones. En concreto, se sugiere no usar la ecografía point-of-care de forma sistemática como herramienta pronóstica durante la RCP (recomendación débil en contra) , ya que la presencia o ausencia de movimiento cardíaco en eco no es 100% predictiva de desenlace y puede llevar a decisiones prematuras. Asimismo, no se recomienda utilizar la ecografía de manera rutinaria para diagnosticar causas reversibles durante la RCP si conlleva interrupciones significativas. Dicho eso, las guías aclaran que si se cuenta con personal experto capaz de realizar una ecografía rápidamente sin interrumpir las compresiones, sí puede ser considerada como ayuda diagnóstica adicional, siempre y cuando se integre con la clínica. Por ejemplo, en un paro PEA, un operador diestro puede durante una pausa breve visualizar el corazón para detectar un posible derrame pericárdico (tamponamiento) o signos de tromboembolismo pulmonar, y guiar intervenciones (pericardiocentesis, trombólisis). La clave es que la ecografía no debe prolongar las pausas: idealmente realizar vistas durante la ventana de análisis de ritmo sin añadir demora. 

En resumen: la ecografía no es obligatoria ni recomendada en todos los paros, especialmente si distrae o retrasa las maniobras. Si se dispone de un operador muy entrenado, se puede usar con cautela para buscar causas reversibles durante las pausas ya indicadas, pero siempre priorizando la continuidad de la RCP y sabiendo que un eco normal no descarta completamente causas (ni uno anormal debe usarse por sí solo para tomar decisiones de interrupción)

Cuidados Posparada (Retorno de la Circulación Espontánea) – Recomendaciones 2025

¿Cómo manejar la oxigenación del paciente tras recuperar la circulación (ROSC)?

En el periodo postparo cardíaco, es fundamental evitar tanto la hipoxia como la hiperoxia. CoSTR 2025 indica que inmediatamente tras el ROSC se administre oxígeno al 100% hasta que se pueda medir confiablemente la saturación o la PaO2 arterial. Esto porque en los primeros minutos es preferible garantizar una oxigenación plena mientras se estabiliza al paciente. Tan pronto se disponga de un oxímetro de pulso confiable o mejor aún una gasometría, se debe ajustar la FiO2 para evitar la hipoxemia (SatO2 < 92%) pero también evitar la hiperoxemia prolongada (SatO2 persistente ≈100%). Las guías hacen una recomendación fuerte de evitar cualquier episodio de hipoxemia en el posparo, dado que la falta de oxígeno agravaría la lesión cerebral isquémica. Asimismo, sugieren (recomendación débil) evitar la hiperoxia: una vez estabilizado, titrar el oxígeno para mantener saturaciones en un rango seguro (por ejemplo 94–98%) y PaO2 moderada, ya que exceso de oxígeno puede aumentar el estrés oxidativo y daño neurológico. 

En resumen: tras la RCE, administrar O2 al 100% inicialmente, pero luego ajustar para mantener valores normales – ni por debajo ni muy por encima de lo necesario. Monitorice con gasometrías seriadas si es posible, buscando PaO2 ~75-100 mmHg y evitando >300 mmHg. Esta estrategia de oxigenación controlada se asocia a mejores resultados neurológicos comparada con dejar al paciente hiperóxico sin ajustar.

¿Debe controlarse la ventilación y CO2 tras la RCE?

Sí. Después de lograr ROSC, además de la oxigenación, se debe controlar la ventilación para mantener un CO2 adecuado. CoSTR 2025 sugiere apuntar a normocapnia, es decir, mantener la PaCO2 o EtCO2 en rangos fisiológicos (~35–45 mmHg). Tanto la hipocapnia (CO2 bajo por hiperventilación) como la hipercapnia (CO2 alto por hipoventilación) pueden ser perjudiciales en el postparo: la hipocapnia causa vasoconstricción cerebral y puede empeorar la lesión neurológica, mientras que la hipercapnia puede aumentar la presión intracraneal y agravar daño. Por ello, se recomienda ajustar el ventilador o la frecuencia de ventilación manual para lograr una EtCO2 de ~30-40 mmHg (si capnografía) o PaCO2 ~35-45 mmHg en gases. Esta es una recomendación débil (evidencia de baja calidad), pero basada en la lógica de evitar extremos. En la práctica, tras la RCE se suele colocar al paciente en ventilación mecánica controlada con parámetros para normoventilar (por ejemplo, volumen corriente 6-8 ml/kg, frecuencia respiratoria ~10-14/min e ir ajustando según gases). Además, es clave evitar hiperventilar al paciente (a veces por ansiedad del reanimador), pues la hiperventilación postparo puede reducir la perfusión cerebral en un momento crítico. 

En resumen: sí, maneje cuidadosamente la ventilación del paciente postparo para lograr CO2 normal; use capnografía continua si está disponible para guiar ajustes, con objetivo EtCO2 ~35-40 mmHg.

¿Se sigue recomendando la hipotermia terapéutica (manejo de la temperatura) después de una parada cardíaca?

El concepto de hipotermia terapéutica (Targeted Temperature Management, TTM) ha evolucionado tras estudios recientes. Las guías ILCOR 2025 ya no recomiendan inducir hipotermia profunda (32-34°C) de rutina a todos los pacientes postparo comatosos como se hacía antes, sino que ponen el énfasis en prevenir la hipertermia (fiebre). Concretamente, CoSTR 2025 sugiere mantener activamente la temperatura ≤37.5°C en pacientes que permanecen en coma tras el ROSC. Es decir, evitar que el paciente haga fiebre (>37.7°C) porque la fiebre se asocia con peor pronóstico neurológico. Esto se logra utilizando medidas de control de temperatura: pueden ser desde medios físicos simples (pañuelos fríos, antitérmicos) hasta sistemas avanzados de enfriamiento de superficie o endovasculares, según disponibilidad. Si se opta por un dispositivo de control térmico, se recomienda usar uno con retroalimentación (control automático según temperatura medida) para mantener la temperatura diana con precisión . Sobre qué temperatura diana exactamente: la evidencia no encontró gran diferencia entre mantener ~36°C vs inducir 33°C; por tanto muchas guías ahora recomiendan normotermia estricta o leve hipotermia moderada. ILCOR indica que se puede optar por cualquier técnica (superficie o catéter endovascular) para controlar la temperatura mientras el paciente está comatoso. También se sugiere mantener la prevención activa de la fiebre al menos durante 72 horas tras la parada, ya que a veces la fiebre aparece al segundo o tercer día y es dañina. 

En resumen: no es obligatorio enfriar a 33°C a todos, pero sí muy importante evitar que la temperatura supere 37.5°C en el paciente postparo comatoso. Muchos protocolos mantienen al paciente alrededor de 36°C constante (lo que se denomina normotermia controlada) por 24-48 h, y luego evitan fiebre hasta 72 h. Lo clave es monitorizar continuamente la temperatura y tratar agresivamente cualquier elevación febril, ya que la fiebre postparo está asociada a peor evolución neurológica. Este cambio refleja que los ensayos más recientes (TTM2, etc.) no demostraron beneficio de la hipotermia profunda vs mantener 36°C, pero sí todos coinciden en que dejar que el paciente tenga fiebre es perjudicial.

¿Cuál es la tensión arterial objetivo que se debe mantener tras la recuperación de la circulación?

Después de un paro, es vital asegurar una perfusión adecuada de órganos (especialmente cerebro y corazón). Sin embargo, la evidencia no ha identificado un valor preciso óptimo de tensión arterial. ILCOR 2025 afirma que no hay suficiente evidencia para recomendar una meta exacta de presión; aun así, sugiere como orientación mantener una presión arterial media (PAM) de al menos 65 mmHg en pacientes postparo . Muchas guías prácticas utilizan un objetivo de PAM 65–70 mmHg o más, en línea con los objetivos en choque séptico, para garantizar perfusión cerebral. En CoSTR 2025, tras revisar estudios (como el TTM trial subestudios), se concluye que tener PAM < 65 se asocia a peor resultado, por lo que es prudente evitar hipotensión. No está claro si empujar a presiones muy altas (>85-90) aporta beneficio, por lo que generalmente se titran vasopresores para mantener ≤65 y luego individualizar. En la práctica, se suelen usar vasopresores (noradrenalina frecuentemente) para lograr ese nivel, especialmente si hay vasoplejía postparo. Además de la PAM, asegúrese de corregir hipovolemia y causa de la hipotensión. 

En resumen: apunte a una PAM por lo menos de 65 mmHg en el paciente postparo. Esto es un mínimo; dependiendo del paciente (p. ej. enfermos coronarios con estenosis) podría ser beneficioso 70-80 mmHg, pero no hay consenso fuerte. Lo importante es evitar la hipotensión sostenida, ya que se correlaciona con peor recuperación neurológica.

¿Cuándo está indicada la angiografía coronaria (cateterismo) tras una parada cardíaca recuperada?

Muchas paradas cardíacas tienen origen en un infarto agudo de miocardio. Las guías actuales enfatizan identificar y tratar esas causas cardíacas subyacentes. En general, todo paciente que tras ROSC muestre en el ECG un infarto con elevación del ST (STEMI) debe ser llevado de urgencia a cateterismo cardíaco para angiografía y posible intervención coronaria percutánea (ICP) . Esta es una recomendación fuerte sostenida: un paro recuperado + STEMI = cateterismo inmediato, porque la reperfusión coronaria mejora mucho el pronóstico. Ahora bien, en pacientes comatosos postparo sin elevación del ST, la indicación de cateterismo precoz (antes o después del despertar) ha sido debatida. Los estudios recientes (como TTM, COACT, PEARL) sugieren que hacer una angiografía inmediata en todos los pacientes inconscientes sin STEMI no mejora la supervivencia respecto a diferirla unas horas si están estables. Por ello, las guías AHA 2025 recomiendan que en sobrevivientes de paro con sospecha de causa cardíaca, se realice una evaluación coronaria antes del alta hospitalaria – particularmente si hay sospecha clínica fuerte de SCA, antecedentes isquémicos, etc. . Esto implica que, aunque no haya STEMI claro, muchos de estos pacientes se cateterizan en las primeras 24-72 h para buscar lesiones tratables. ILCOR 2025 sugiere realizar angiografía temprana en pacientes comatosos postparo que tengan elevación ST (buen consejo clínico), y considerar caso a caso en otros escenarios. 

Resumiendo: si hay elevación del ST postparo → cateterismo inmediato. Si no la hay, pero se sospecha fuertemente origen cardíaco (ej. dolor pre-síncope, antecedentes, ECG con cambios isquémicos menores, inestabilidad hemodinámica inexplicada), es razonable realizar coronariografía urgente o temprana, ya que un porcentaje tendrá lesiones críticas incluso sin STEMI. En cambio, si no parece etiología cardíaca (ej. ahogamiento, asfixia, EPOC), el cateterismo no es prioritario. Finalmente, todos los pacientes con paro de posible causa cardíaca deberían tener alguna evaluación isquémica antes del alta (sea angiografía invasiva o estudio no invasivo).

¿Cómo se debe enfocar el pronóstico neurológico tras una parada cardíaca?

La predicción del pronóstico neurológico en los pacientes que permanecen en coma tras un paro cardiaco es compleja y debe hacerse con mucho cuidado, típicamente alrededor de 72 horas después del evento (o más si se ha inducido sedación/hipotermia). Las guías 2025 destacan que ninguna prueba única es completamente fiable para pronosticar, por lo que siempre se debe usar un enfoque multimodal. Esto significa combinar evaluación clínica (reflejos del tronco encefálico, respuesta motora a estímulos, etc. una vez libre de sedantes), con pruebas complementarias: por ejemplo, EEG (electroencefalograma) continuo o seriado para detectar trazos de mal pronóstico (supresión, estado epiléptico refractario), potenciales evocados somatosensoriales (PESS) para evaluar integridad cortical, biomarcadores neuronales en sangre (NSE, proteína S100B, etc.), y neuroimagen (TAC o RM cerebral para ver daño anóxico). ILCOR hace una fuerte recomendación de que siempre se utilicen al menos 2 o 3 métodos en conjunto para predecir el pronóstico,y nunca basar la decisión de retirar soporte en un solo hallazgo. Por ejemplo, un paciente comatoso cuyo EEG es isoeléctrico y no tiene reflejo corneal a las 72 h y tiene NSE muy elevada – la confluencia de hallazgos aumenta la certeza de mal pronóstico. Pero si solo uno de ellos es desfavorable, no es suficiente para concluir daño irreversible, porque podría haber falsos positivos. 

En resumen: la predicción neurológica postparo debe ser multimodal y retrasada lo suficiente, típicamente >= 72 horas tras ROSC (y tras normotermia, sin sedantes). No confíe en un único parámetro para tomar decisiones de limitación de tratamiento, dado que se han documentado casos de recuperación neurológica a pesar de pruebas inicialmente negativas. Las guías recalcan: ninguna prueba por sí sola tiene especificidad absoluta para mal pronóstico, así que se requiere convergencia de varias para tener confianza en un pronóstico sombrío.

Si el paciente fallece tras el paro (muerte encefálica o parada irreversible),¿qué se debe considerar respecto a la donación de órganos?

ILCOR 2025 enfatiza la importancia de la donación de órganos como parte del cuidado posparo en casos apropiados. Se recomienda que todos los pacientes que logran ROSC pero posteriormente fallecen sean evaluados como potenciales donantes de órganos. Esto es un fuerte consejo basado en el beneficio para la sociedad: muchos pacientes que no sobreviven podrían salvar o mejorar otras vidas mediante la donación. En la práctica, si tras todos los esfuerzos de reanimación y cuidados intensivos el paciente evoluciona a muerte encefálica o se decide limitar el soporte por mal pronóstico irreversible, el equipo de salud debe contactar a la organización de trasplantes correspondiente para valoración de donación. Incluso pacientes que fallecen pocas horas tras el paro (donación en asistolia controlada) pueden ser considerados, dependiendo de protocolos locales. Es importante abordar este tema con sensibilidad y ética, conversando con la familia cuando corresponda. Pero el mensaje de la guía es claro: integrar la evaluación para donación de órganos en el manejo de todo paro que no acaba en recuperación completa . De esta manera, algo positivo puede surgir a partir de una tragedia, y se maximiza el beneficio del esfuerzo asistencial.

Educación y Entrenamiento en Resucitación – Recomendaciones 2025

¿A quién se debe formar en soporte vital básico y avanzado?

Las guías CoSTR 2025 refuerzan la necesidad de capacitar a las personas más proclives a presenciar un paro cardíaco. Se recomienda encarecidamente que los “posibles rescatadores” de poblaciones de alto riesgo reciban entrenamiento en RCP básico (BLS). Esto incluye, por ejemplo, familiares y cuidadores de pacientes cardiacos, personal de lugares concurridos (centros deportivos, personal de transporte público), policías, bomberos y básicamente cualquier ciudadano motivado. Los profesionales de la salud deben jugar un rol activo: se recomienda que los sanitarios fomenten y dirijan a estos posibles rescatadores a cursos de RCP (por ejemplo, indicar a familiares de un paciente con cardiopatía que realicen un curso de RCP con DEA). En cuanto al personal sanitario en sí, se recomienda que todo proveedor que pueda atender paros realice formación acreditada en soporte vital avanzado (ALS). Es decir, médicos, enfermeros y técnicos de emergencias que trabajen en urgencias, UCI, prehospitalario, etc., deberían certificarse periódicamente en cursos reconocidos (ACLS, ERC-ALS, etc.). Lo mismo aplica al soporte vital pediátrico y neonatal: las guías aconsejan que quienes atiendan partos o niños reciban entrenamiento formal (ej. curso de reanimación neonatal y pediátrica). 

En resumen: formar en RCP al público general, priorizando grupos estratégicos,y asegurar que el personal de salud tenga cursos actualizados de SVA y SVB, pues la evidencia muestra que el entrenamiento adecuado se correlaciona con mayor supervivencia de los pacientes.

¿Qué métodos de entrenamiento en RCP son más recomendados actualmente?

La educación en resucitación ha evolucionado para mejorar la adquisición y retención de habilidades. CoSTR 2025 apoya varios enfoques basados en evidencia:

  • Aprendizaje mixto (blended learning): Combinar la teoría en línea (e-learning, videos) con prácticas presenciales es altamente recomendado cuando sea posible. Este método aprovecha la flexibilidad del estudio autónomo y asegura la competencia manual con sesiones prácticas. Las guías dan una recomendación fuerte a favor de la formación blended frente a solo teoría o solo presencial, siempre que los recursos lo permitan
  • Cursos autodirigidos con kits de video-maniquí: Se ha visto que para entrenamiento básico, los kits de autoaprendizaje (video instructivo + maniquí doméstico para practicar) pueden ser tan efectivos como un curso con instructor, siempre y cuando incluyan práctica física. ILCOR recomienda ya sea clases con instructor (que incluyan práctica con maniquí y feedback) o el uso de kits autodidácticos con video y maniquí para enseñar RCP y uso de DEA a legos, porque ambos métodos han demostrado lograr habilidades en los alumnos. Esto mejora la accesibilidad (personas que no pueden asistir a un curso pueden aprender en casa con el kit).
  • Dispositivos de feedback en la enseñanza: Se recomienda el uso de dispositivos de retroalimentación durante las prácticas de RCP en cursos, tanto para personal de salud como legos. Por ejemplo, maniquíes que miden la profundidad y ritmo de compresión, dando indicaciones (“comprima más fuerte/rápido” o luces de aprobación). La evidencia (moderada calidad) muestra que estos dispositivos mejoran la calidad de las compresiones aprendidas y la retención de la habilidad.
  • Simulaciones in situ y entrenamiento de equipos: ILCOR sugiere que, cuando se cuente con recursos, incorporar simulacros in situ (en las propias unidades clínicas, con el equipo real) es útil para entrenar al personal en escenarios de paro realistas. Aunque la evidencia es de muy baja certeza, se valora que practicar “en el terreno” mejora la coordinación del equipo en ese entorno específico.
  • Frecuencia de re-entrenamiento: Si bien las guías no dan un intervalo exacto, estudios previos muestran que las habilidades decaen a los pocos meses. Muchas instituciones implementan refrescamientos frecuentes (por ej., minicursos cada 6 o 12 meses, en lugar de solo cada 2 años). Esto está alineado con la recomendación general de ILCOR de innovar en métodos para mantener competencias (como usar aplicaciones, recordatorios o sesiones breves periódicas). 

En resumen, los métodos pedagógicos recomendados incluyen: aprendizaje combinado (online+práctico), uso de tecnología de feedback, opciones autodirigidas con maniquí para ampliar alcance, simulaciones de equipo en el ambiente clínico, y reforzar con más frecuencia que los intervalos tradicionales. El objetivo es que más personas aprendan RCP de forma efectiva y que los profesionales con deber de respuesta mantengan sus habilidades al máximo nivel.

¿Qué es la figura del “CPR Coach” y se recomienda integrarlo en el equipo de reanimación?

El “CPR Coach” o entrenador de RCP es un rol relativamente nuevo en algunos protocolos de equipos de reanimación. Se trata de designar a un miembro del equipo (a menudo un enfermero/a experimentado en RCP) cuya única función durante el código es supervisar en tiempo real la calidad de las compresiones y ventilaciones, y guiar al equipo para optimizarla. ILCOR 2025 menciona que considerar incluir un CPR Coach en el equipo de resucitación puede ser beneficioso en sistemas donde el personal lo permita. Este recomendación es débil y de muy baja certeza (es difícil de medir su impacto), pero conceptualmente tiene sentido: el CPR Coach se asegura de que se cumplan los ciclos correctamente, que las pausas sean mínimas, indica “mas profundo”, “cambien reanimador”, “carguen el desfibrilador anticipadamente”, etc., siguiendo las mejores prácticas. Al liberar a alguien solo a esta tarea, se libera al líder del código de esos detalles y mejora la calidad global. No todos los equipos tendrán personal extra para esto, especialmente en entornos con dotación limitada, por ello se sugiere solo en situaciones con personal suficiente. Varios hospitales que lo han implementado reportan mejoras en métricas de RCP (fracción de compresión, menos pauses). 

En resumen: un CPR Coach es un miembro dedicado a asegurarse de que la RCP se haga correctamente en tiempo real, corrigiendo desviaciones. Las guías 2025 ven positivamente su adopción cuando se pueda (lo catalogan como “a considerar”) dado que la calidad de RCP es tan determinante en resultados. Para un servicio de enfermería, esto podría implicar entrenar a algunos enfermeros de UCI/Emergencias específicamente en ese rol durante simulaciones, de modo que en cada paro uno pueda asumir ese papel. La meta final es mejorar la actuación del equipo, y por ende la supervivencia del paciente.

¿Cómo pueden las organizaciones mejorar sus resultados en resucitación más allá del entrenamiento individual?

Además de formar individuos, las guías destacan la importancia de un enfoque sistemático a nivel organizativo. CoSTR 2025 recomienda que las organizaciones y comunidades que atienden paros cardíacos evalúen su desempeño regularmente y apliquen estrategias de mejora continua Esto incluye recolectar datos de cada código (p. ej., con grabadores de RCP o apuntes de tiempos), participar en registros de paro cardíaco, realizar auditorías y retroalimentación al personal. También se alienta implementar iniciativas de mejora de sistemas: por ejemplo, programas de alertas comunitarias vía app para RCP por testigos, establecer equipos de respuesta a paros intrahospitalarios (Medical Emergency Teams), optimizar tiempos de respuesta del código, etc. Las guías sugieren fuertemente usar este enfoque de “sistema”, ya que en reanimación muchas intervenciones aisladas suman cuando se coordinan. Para enfermería, esto significa que su hospital idealmente provea simulacros interdisciplinares, debriefings tras cada código, análisis de métricas de RCP, etc., creando un círculo de aprendizaje. Por ejemplo, tras cada paro intrahospitalario, hacer una reunión breve para repasar lo ocurrido (qué fue bien, qué mejorar) es muy útil. En comunidades, programas de “Primer Respondedor” ciudadano (vía aplicaciones móviles que avisan a voluntarios cercanos) han mostrado aumentar la tasa de RCP por testigos y uso de DEA antes de la ambulancia; ILCOR apoya notificar a individuos cercanos dispuestos mediante apps o SMS porque mejora la respuesta temprana. En suma, la recomendación general es que más allá de enseñar RCP, las instituciones deben crear sistemas integrados: monitorizar resultados, dar feedback, implementar mejoras basadas en datos y tecnología, y asegurar un enfoque multidisciplinario. Esto eleva la supervivencia de los paros significativamente, complementando la capacitación individual.

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Enfermería Evidente. (2025). Actualización de Recomendaciones en Soporte Vital – CoSTR ILCOR 2025. Disponible en: https://enfermeriaevidente.com/actualizacion-de-recomendaciones-en-soporte-vital-costr-ilcor-2025/

Referencias

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  2. Drennan IR, Berg KM, Nolan JP, et al. Advanced Life Support: 2025 International Consensus on CPR and ECC Science With Treatment Recommendations. Circulation. 2025;152(Suppl 1):SXXX– SXXX

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  13. CoSTR 2025 Education, Implementation, and Teams (EIT) https://ilcor.org/uploads/EIT-2025-COSTR-Full-Chapter.pdf

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